En este mundo todo tiene su hora; un momento para todo cuanto ocurre. (Eclesiastés 3,1)

No nos podemos saltar el ritmo de la vida. Hay tiempo para todo. 

El proceso requiere vivirse y se toma un tiempo; y en él, cada uno el suyo.

Muchas veces no evaluamos el proceso, nos limitamos a los resultados o los conocimientos adquiridos, o… y todo eso es efímero. 

El trabajo del alma requiere una evaluación de procesos.

En el ritmo propio requerimos sintonizarnos. 

Se da lo que se requiere, no lo que nosotros queremos. Nada está equivocado.  

A veces, los procesos son de tal profundidad que no tenemos elementos para reconocerlos. A veces, emergen “submarinos del pasado” que no reconocemos y no podemos integrar desde la razón, el alma sí puede. 

Confía… todo actúa. 

Si permitimos que las cosas ocurran, entonces nos llegará lo que necesitamos.

Cuando buscamos que algo suceda, no permitimos que se dé, bloquealos el “flujo del río”.

Cuando estamos en disposición de encontrar, nos llega lo que necesitamos y luego comprendemos para qué. 

Así como todas las cosas tienen su espacio, y al ordenar colocamos todas las cosas en su lugar. Todo también tiene su tiempo y si nos ordenamos, encontraremos un tiempo para cada cosa. De hecho, al ordenar hay ciertas cosas que terminamos desechando porque ya no son útiles. De ahí que en Constelaciones atendamos de manera fundamental al tiempo, al orden dentro de los sistemas. Y si hay orden, fluirá el amor, que sana, transforma y libera. 

Todo ha sido tan perfecto… que hoy estoy aquí. 

Escrito por: María del Pilar Sánchez López  (Yaocihuatl)

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